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| UNA
PINTURA Y UNA CANCION Por Susana Weingast sweingast@sinectis.com.ar Tel: (5411) 4983-8777 |
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Al
observar un cuadro nuestra atención es captada, en primer lugar, por
la totalidad de la obra. Luego, nuestra vista selecciona el fondo
o
la figura, elige, registra, reconoce dándole un nombre a cada
signo u objeto descifrado. Por
ej: En un paisaje, el espectador elige que lo que mas le atrae es un
determinado árbol o una persona caminando por un sendero o el color
del cielo. En un abstracto puede reconocer algún triángulo
o un color formando un círculo.
Nuestra
mirada vuelve a perderse en el vacío, para iniciar un trayecto, aún
en lo figurativo como en lo abstracto, encontrar las líneas horizontales
que sostienen el trabajo, las verticales que lo encuadran y las oblicuas
y curvas que le dan movimiento. Este
trayecto realizado por el ojo va tomando registro de la totalidad y
de cada objeto en particular. La
intuición inconsciente se repite a lo largo del trayecto armado y se
detiene donde el autor puso un signo, un detalle, o una llamada para
atraer la atención. Por
ejemplo: El cielo está con nubes o la casa tiene una puerta abierta. No
olvidemos que para el espectador la percepción consciente sigue y seguirá
siendo más fácil cuando se aferra a la imagen, a la figura reconocible,
al objeto real. Es más fácil reconocer un objeto como una flor, que
en un abstracto encontrar símbolos o estereotipos de flores. Existe
un nexo entre la pintura y la música que es notable, siendo una compuesta
para ser captada por el oído y la otra, por la vista. Primero
están los espacios o zonas tranquilas en la pintura, que, en la música,
también se espacian con un compás de silencio. Al
igual que en la pintura, existen una figura y un fondo en la música;
El Violín y la Orquesta,
El Solista y el Coro. Ninguno
de estos puntos funcionaría sin el otro, ninguno vale por sí mismo. Por
supuesto que al tararear una canción estamos tarareando la melodía,
al igual que cuando dibujamos un árbol estamos ilustrando ese objeto. Pero
nada vale en soledad, nada puede valer por sí mismo. El árbol vale en
cuanto esté integrado a un paisaje o con el cielo, y la melodía podemos
silbarla, mas en el contexto pensamos, al silbar, en el acompañamiento
o fondo. El
músico, el pintor, el espectador o el cantante tienen esa intuición
al captar la totalidad o el signo que atrae o fija la atención o la
repetición. También
en música nos es difícil reconocer dos instrumentos tocando al mismo
tiempo. Si la melodía es igual, podemos reconocer la melodía, por ejemplo
en un coro dos voces o instrumentos entrando al mismo tiempo. En
la música clásica, el hilo que conduce la melodía puede ser tomado por
otro o varios instrumentos unos compases después. Al
compararlo con la pintura, en la que vemos varias líneas marcando el
borde de un objeto, tiene que existir una sombra o un objeto al costado,
no superpuesto, ya que uno tapa al otro, no viéndose el de atrás. Con
el color es igual, se puede yuxtaponer un rojo y un verde y se potencian,
pero si los superponemos nos encontramos que se anulan, convirtiéndose
en grisáceos o marrón. Muchas
veces en la pintura nos gusta la ya conocida, aunque sea antigua, y
nos rebelamos ante un abstracto diciendo que no se lo entiende. En
Música, nuestro oído se acostumbra a una melodía, la tarareamos, y cuando
escuchamos un heavy- metal o un concierto dodecafónico no lo entendemos
e inclusive puede resultarnos desagradable. Existen
muchas coincidencias, la pintura y la música son, dentro de las artes
las más parecidas, se complementan en estilos; existe música y pintura
barroca, música y pintura moderna, etc., relacionadas con el momento
histórico y social, con sus adeptos y detractores.
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